Llevaba todo el mes viviendo en el hostel y nos habíamos hecho amiguitas las dos japonesas, la china y yo. Todas compartíamos la habitación. Nagi estaba acabando los estudios, Maki había ido a mejorar su inglés y Angela, la china, venía de Australia (donde vivía hacía mucho tiempo) de vacaciones y a visitar a su prima Hedy.
Para ser sincera, yo no había oido hablar de Bath (bueno, una puede ser un rato cateta de vez en cuando, ¿no?), y lo que me interesaba era hacer una escapada con ellas antes de separarnos. Sobre todo porque mi futuro en esos momentos era la mar de incierto y no tenía ni flores de cuánto tiempo más me iba a quedar por allí. A mí me apetecía ir a Manchester, o a Liverpool, a una ciudad más conocida, pero Nagi propuso lo de Bath y a las demás les pareció bien, así que compramos unos billetes de autobús en Victoria y nos fuimos al "spa".
Recuerdo que nos dimos un madrugón de padre y muy señor mío, pero tampoco está tan lejos de Londres... tres horas, si no me falla la memoria. Bath está en el condado de Somerset, y es Patrimonio de la Humanidad gracias a sus edificios georgianos y su abadía gótica, amén de las termas romanas. Realmente, es para verlo.
Desde el autobús ya se ve el Pulteney Bridge que cruza el río Avon. La gracia de este puente es que está habitado, y tiene hasta tiendecitas y todo. Data de 1773.
Nada más llegar, y antes de nada, comimos. Bueno, más bien fue un brunch, que está tan de moda ahora; serían como las 11 o poco más tarde y habíamos desayunado rápido. Nos metimos en el primer bar que pillamos (The Lamb & Lion) y por primera vez en mi vida (y eso que ya llevaba un tiempecito en Inglaterra), pedí el tradicional "all day breakfast"... en versión vegetariana. Allí es mucho más sencillo y hay más cosas para los herbívoros, en casi todas partes tienen menús especiales o señalan en la carta los platos indicados para vegetarianos. De todas formas, tengo que decir que no me gustó mucho; es un plato de fritangas grasientorras que por muy verduritas que sean cuesta digerir como un chuletón sangrante.
No llevábamos plan concreto, sabíamos que queríamos ver las termas y poco más, total que echamos a andar buscándolas cuando, cataplás, nos dimos de morros con The Circus. Y claro, los ojos como platos. Es una construcción de tres edificios formando un semicírculo, y lo mejor es que son viviendas. ¿Te imaginas vivir ahí? Lo que me gusta de no planear un viaje son estas cosas. Lo que no me gusta es que nos perdimos el Royal Crescent por la desinformación, y si el lector decide ir algún día, que haga el favor de no hacer el bestia como nosotras.
La ciudad no es muy grande, unos 85,500 habitantes aproximadamente y está construida sobre un volcán ya apagado. Las aguas termales de las que ya se beneficiaban los romanos siguen siendo aprovechadas en varios spas y hoteles con spa. Pero lo que nos interesa son las termas.
El edificio tiene una planta rectangular, dos pisos por debajo del nivel del suelo y un patio, que ignoro si antiguamente estaría techado, en el centro del cual se ubica una tremenda piscina, el caldarium con el agua termal. Y verdosa.
Con la entrada a las termas se puede ver también el museo anexo, en el que se exponen los elementos recuperados del templo original y los objetos que se arrojaban el agua como ofrenda a los dioses, probablemente. En un principio, las termas fueron empleadas por los celtas como santuario a la diosa Sulis, que equivalió a Minerva para los romanos, conque también se exhiben cosas de esta época.
Hasta el año 1979, los visitantes podían bañarse en las termas, pero la muerte de una niña por una meningitis infecciosa hizo que se prohibiera definitivamente. La verdad es que yo no me metería ahí, con la pinta que tiene.
En el paseo por la planta baja se ven el frigidarium y el caldarium también. Alrededor del Gran Baño, y en la parte superior, hay multitud de estatuas de romanos. El nivel de conservación de éstas, así como del resto del edificio, es asombrosamente bueno.
Cuando salimos de las termas, nos fuimos al Museo del Traje, de cuya existencia nos habíamos enterado porque en la taquilla de las Termas ofrecían la posibilidad de comprar la entrada conjunta a ambos sitios por un precio más económico.
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Museo del Traje. |
Lo malo de Inglaterra en invierno es que anochece muy temprano. Bajamos a ver la Abadía de Bath, pero las fotos que pude sacar son muy oscuras y no se aprecian como debieran todos los detalles de la exquisita fachada. Está construida en el lugar que ocuparon otros monasterios más antiguos, uno anglosajón y después, otro normando. La actual data de 1499.
Había que volver a Londres en el día, de manera que no nos dio tiempo a más. Bath es un sitio al que creo que debo volver porque me quedé con la sensación de haberlo desaprovechado, y os aseguro que no hay una calle que merezca no ser vista.
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