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JAPÓN. 日本の 冒険 物語

La historia del viaje a Japón es bastante curiosa. El 1 de octubre de 2005 hice una audición larguísima, desde las diez de la mañana, creo recordar, hasta las seis de la tarde, para ir a trabajar a Parque España durante 10 meses. La noticia de que me habían aceptado, al cabo de varios días, me puso en marcha para hacer todo tipo de preparativos.



Por entonces vivía en Madrid, lugar también de la audición. Tuve que recoger todo el chiringuito y llevar mis cosas a casa de mi abuela, en Gijón, y ya puestos pasé la Navidad y el mes de enero allí. El "cuaderno de bitácora" empieza en

GIJÓN, DOMINGO 29 DE ENERO DE 2006

Este martes comienza el viaje a Japón. No estoy particularmente nerviosa, quizá lo que más me preocupa es no llevarme todo lo necesario en las maletas. Y el dinero. Tendré que mantenerme con los 120.000 ¥ que he cambiado hasta el 15 de marzo, espero que sea suficiente.


Hace dos días hablé con Shimon, de la agencia de viajes que organiza nuestros vuelos (de los bailarines), que además es de la misma empresa que Parque España. Me dijo que el billete OVD-MAD era electrónico, y que sólo tengo que presentar mi DNI en el stand de Iberia. El avión sale a las 09:10. En Madrid hemos quedado todos los bailarines con él, nos dará los billetes para Heathrow y desde allí, a Tokyo y después a Osaka. Me espera una buena paliza.


Esta tarde, y para ir abriendo boca, iré al cine a ver "Memorias de una geisha". En unos meses ya veremos cuánto de ficción había...

Toma de contacto

HEATHROW AIRPORT, LONDRES. 31 DE ENERO DE 2006.

Llevamos dos horas (o algo más) en el aeropuerto de Londres. Cuando llegamos, nos perdimos buscando la Gate 3, desde donde sale el avión para Tokyo. Lógico, como que teníamos que coger un autobús para desplazarnos dentro del mismo aeropuerto...
Buscamos un sitio para comer algo, pero claro, nadie fue tan previsor como para llevar encima libras, ¡¡y en la oficina de cambio sólo nos daban 2 £ por un billete de 1000¥!! No quise cambiar, claro, así que pregunté en el puesto de bagels si se podía pagar en €, que pedí prestados a Maia. Prefiero darle a ella los 1000¥. Una Coca-cola, 1,40; y un bagel sin nada más que bagel, 2,30 £. Por usar euros, 5.95. Menudo negocio, los de Bagel Street.


ISOBE, AGO-CHO. PARQUE ESPAÑA. JUEVES, 2 DE FEBRERO DE 2006.

Vaya. Hemos perdido un día. No sé qué ha pasado con el miércoles, pero todos tenemos la sensación de que no ha transcurrido nunca.

Anoche llegamos a Hanabishi, la casa donde vivimos alrededor de la una de la madrugada, hora local. El coordinador fue a recogernos al aeropuerto de Osaka Kansai y luego hicimos 4 horas de viaje en el autobús del parque hasta Ugata, el pueblo en el que están los apartamentos. El parque está en el pueblo vecino, Isobe, que es donde estamos ahora, firmando papeles para la Embajada y el seguro médico y cosas así. Está habiendo problemas, porque el seguro médico incluye un seguro de vida, pero en Japón, por ley, el beneficiario en caso de muerte es el pagador. Así que si yo muriese aquí, la indemnización se la llevaría el parque.

Hablando del parque, ya hemos hecho una visita. Es pequeño, y no hay nada representativo de la mayoría de provincias españolas. Mucho flamenco, la Cibeles, el Castillo de Xavier, y una cosa que parece ser un hórreo gallego, y que si es así, no se parece en nada al asturiano...

La gente de flamenco y la que renueva del año pasado ha ido al Ayuntamiento a registrarse. En cuanto vuelva, iremos el resto.

(Mismo día, más tarde, en mi habitación)


Mmmh... por la tarde hemos ido al supermercado, al Fresh Mart... todos en bloque, porque no sabíamos donde está, excepto uno, que ya había trabajado aquí en otra temporada... y ha sido horrible... una angustia... ¡¡no sabemos qué es cada cosa!! Había verduras rarísimas, millones de dulces, algas de todas clases... y como no entendemos la escritura, no puedo saber si es apto para vegetarianos. He decidido no arriesgarme demasiado, aunque me parece que he sido más atrevida que los demás, porque ya conocía el tofu y algunas algas.

Lo más gracioso de todo fue cuando estábamos esperando a unos que habían entrado en una especie de "todo a 100 yenes". Nosotros, tan tranquilos, de charleta, hasta arriba de bolsas de comida que no sabíamos qué eran, y en esto sale por la puerta automática un señor de, no sé, unos 50 años (es difícil calcular a los asiáticos), con tan mala suerte que las puertas se cerraron justo cuando pasaba, atropellándole. Bueno, pues el individuo en cuestión se safó rápidamente, dio tres o cuatro pasos muy dignos y ¡¡echó a correr como alma que lleva el diablo hasta su coche!!! Pero lo peor de todo era que corría con las rodillas hacia adentro y los pies hacia afuera, así, a lo Lina Morgan. Nos quedamos boquiabiertos, ese hombre se estaba muriendo de vergüenza y ninguno de nosotros hubiera jamás tomado el accidente como motivo de risa. Aunque claro, después de ver la facha que hacía corriendo...

El supermercado está como a más de media hora a pie desde Hanabishi. Es una zona comercial como los hipermercados que hay en España, con otras grandes superficies comerciales alrededor, como la tienda de los 100 yenes, el Ladies (que es una tienda de moda, que, por supuesto, no se llama Ladies pero los caracteres que hay en el cartel se parecen a esa palabra), una librería, el Mister Donut y una zapatería. Muy completo, pero muy lejos para volver cargado.

Mañana es el primer día de ensayo, así que mejor acostarse ya, que es muy tarde y llevo varios días casi sin dormir.

Primeras impresiones.

Ugata, viernes 4 de febrero de 2006.

Hoy empezamos los ensayos. La coreografía es horrorosa, y sin embargo el coreógrafo, un señoruco que debe tener más de 60 años, nos ha cautivado a todos con su sentido del humor.

Da la impresión de que todos los japoneses son gente inocente y hospitalaria, y que siempre están tan sonrientes... bueno, si no contamos con el individuo del aeropuerto Narita (en Tokyo), que se puso a hacer cruces con los brazos como un loco cuando nos hicimos una foto de grupo. Yo creí que nos iba a empezar a gritar de un momento a otro. Pero quitando eso, me muero de ganas de que cambie esa sensación, porque aquí hay algo que no encaja... ¿dónde está la marcialidad del karate y de los samurais?


Ugata, domingo 6 de febrero de 2006.

Ya empezamos a notar cosas diferentes que nos afectan negativamente: en Japón no existen las fregonas ni las escobas (ni idea de cómo limpian las casas). Claro que el suelo de mi apartamento da bastante asquito, por no hablar del olor. Ni de las paredes. Vamos a dejar el tema.

Nos han echado la bronca durante todo el día porque esta mañana llegamos a las 9,30 al polideportivo donde ensayamos la cabalgata, y parece ser que esa era la hora a la que debíamos empezar. Es decir, en realidad querían que llegáramos a las 9 para cambiarnos, calentar y todo lo demás. Por qué no lo han dicho así es la gran pregunta; total que nos han repetido hoy tres veces lo que quieren que hagamos, todo muy adornado de "por favor" y "gracias", pero de una forma muy directa. A mí no me ha gustado tanta repetición, y espero que los demás tampoco lleguen tarde mañana porque sería como confirmarles que los españoles somos unos vagos y no atendemos a nada.

Ugata, miércoles 9 de febrero de 2006.

Hoy ha sido la prueba de vestuario, menudo momentazo. Ya lo habían visto cuando la audición, pero las chicas se alarmaron en cuanto vieron mis tatuajes y me llevaron ante la troupe de hombres que maneja el cotarro. Uno de ellos dijo algo cuando yo estaba de espaldas, me señaló y se rieron todos, lo pude ver por el espejo. Claro, que yo no les puedo decir nada, porque no hablo nada de su idioma, y ni la traductora ni nadie me explicó a qué venían tantas risas. Ya me parecía a mí que no podían ser taaaan buenos.

Ahora voy y me rompo

Ugata, sábado 25 de febrero de 2006.

Han pasado varios días desde la última vez que tomé alguna nota, y ya me va pareciendo todo más normal. Dentro de lo que cabe. De todas formas, la rígidez de carácter de estos señores de por aquí me sigue sacando de quicio bastante a menudo.
Hace casi una semana, durante el primer ensayo de la cabalgata con vestuario, tuve un percance con el gorrito. Nos plantaron una cosa horrible en la cabeza, un cesto con uvas pegado a un pañuelo que nos atamos al cuello, y pesa lo que no está escrito. El traductor me ha contado que el primer año los hicieron de porcelana o algo así, y que eso sí era pesado y no la tontería que llevamos ahora. Compadezco a las pobres sufridoras del primer año.
Bueno, retomando, resulta que no me lo debí atar muy bien, porque durante todo el ensayo se me movía mucho y me lo acabé quitando. Nada más terminar, se abalanzaron sobre mí CUATRO personas de vestuario CUATRO, y mientras me decían que me había hecho el moño demasiado alto, seguían intentando incrustármelo tirando hacia abajo y hacia atrás con fuerza. Y hacia delante y hacia los lados, y hacia todas partes hasta que consiguieron que me diera un tirón muscular tan fuerte que me vi obligada a abandonar el ensayo con la cabeza sujetando el violín. Una hora y media estuve esperando al coordinador para que me llevara a algún sitio, y con tan mala suerte que, encima, en domingo no hay médico. La única solución era ir al ciego.
El ciego es un masajista y fisioterapeuta, que practica además acupuntura y otros métodos tradicionales sin ver ni torta. Era un hombre mayor y muy agradable, aunque tampoco puedo decir que entendiera lo que narices decía... En fin, masajeó la zona, me puso unas agujas y volvió a masajear, y tengo que decir qu eme alivió bastante, aunque aún fue necesaria la visita al traumatólogo al día siguiente.
El seguro médico que nos han contratado no cubre la asistencia del ciego, que francamente es un importe absurdo, 1000 yenes nada más; pero yo considero que la empresa debería hacerse cargo del gasto, y por supuesto no quitarme dinero por haber salido antes del ensayo, encima que las de vestuario intentan partirme el cuello. Bueno, pues en lugar de eso, me dicen que si no puedo ensayar el día 25, no me dejan estrenar el 1 de marzo, y claro, perdiendo dinero. Esto de ser autónomo...

El templo de Ise

Viernes, 3 de marzo de 2006.

Por fin, la primera aventurilla fuera del pueblo. Acabo de coger el tren de las 10:47 (que, por cierto, es de la misma empresa que el parque, Kintetsu, para variar un poco)y me dirijo a Ise para ver el templo shintoísta más importante del mundo. Bueno, básicamente el shintoísmo es una religión ancestral japonesa, así que fuera de las islas no sé en qué otra parte podría estar el templo más significativo...

Ise Jingu
En realidad, en Ise hay dos templos, el Geku 豊受大神宮 (santuario exterior) y el Naiku 皇大神宮 (santuario interior), y no tengo ni idea ni de cómo ir ni de qué significa eso de los dos templos. (nota: aún hoy, en 2009, me pregunto lo de la división del templo... cuando lo descubra, daré cuenta al lector.)
A medida que van pasando las estaciones de tren, voy tomando nota para un futuro, porque quizá haya algún pueblo antes de llegar que merezca la pena ver.
Y tampoco quiero perderme a la vuelta, aunque los nombres aparecen escritos con caracteres occidentales en cada estación y hay una locución que con voz femenina anuncia el nombre segundos antes de llegar, seguramente rodeado de toda suerte de "por favor" y "gracias" y puede que algún "tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén" ("mind the gap" para la versión internacional).

UGATA  -   SHIMA-YOKOHAMA   -   ANAGAWA   -   SHIMA-ISOBE   -   KAMINOGO   -   KUTSUKAKE   -   GOCHI   -   SHIRAKI   -   MATSUO   -   KAMO   -   FUNATSU   -          SHIMA-AKASAKI   -   NAKANOGO   -   TOBA   -   IKENOURA   -   ASAMA   -   ISUZUGAWA

Me he subido en el primer vagón, del que un cristal semioscuro y una puertecilla separan la cabina del conductor, así que le puedo ver perfectamente. En cada estación, tras parar el tren, pulsa un botón situado en una caja -una en cada lateral, según esté situado el apeadero- y abre las puertas. Las cierra tras asomarse para comprobar que no hay viajeros entrando ni saliendo.
El billete me ha salido bastante barato, sobre todo teniendo en cuenta que en japón viajar es prohibitivo. No existen los billetes de ida y vuelta, así que 570 yenes cada trayecto. El taquillero, supongo que acostumbrado a los españoles de Hanabishi, sin preguntarle nada me escribió la hora a la que salía el tren y me hizo señas muy claras para indicarme el andén 2. Yo sólo ser decir en japonés una media docena de palabras, aunque al menos son las de cortesía: por favor, perdón, gracias, buenos días/tardes/noches, hasta luego... y alguna de ellas incluso en varias versiones... sospecho que con esto se podría hacer alguna frase que tuviera algo de sentido. En realidad lo que me parece es que la fama de los japoneses de ser tan bien educado se limita a su forma de expresarse en su idioma, porque después de todo hay adolescentes que se ríen de nosotros, abuelos que resultan agresivos, seguramente porque creen que somos unos bestias; y he oido hablar de racismo a raudales, aunque por el momento no creo haber sido víctima de esto último.

El tren ha parado en Toba un rato. la estación es grande, así que quizá haya un poco más de animación aquí. Por lo poco que puedo ver, además de la voluminosa vegetación habitual, es que hay algunos edificios más altos de lo que llevo viendo hasta ahora. Tendré que preguntar.

Hay una mujer enfrente de mí con los dientes negros y torcidos, e incluso le faltan un par. En general, los japoneses descuidan bastante su salud dental e incluso es frecuente ver fotografías con modelos de dientes apiñados.

El vagón va lleno de chavales con uniforme escolar y mochilas, no calculo a ninguno más de 15 años. Si van a clase no es que madruguen mucho, no.

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Calle de Ise
Bien, ya he llegado y no sé qué bus tengo que coger a partir de aquí para llegar. Parece ser que hay mil templos diferentes, que Amaterasu nos pille confesados; hay un cartel en inglés, pero es que no sé cuál es el que yo quiero ver. Ayer me dijeron que me tenía que bajar en una calle con tiendas, y que al lado estaba el templo. Vale, pero si no sé cuál es el autobús, lo mismo me da. Mmmh... veo que hay más turistas japoneses, así que les seguiré.

Perfecto, he cogido un bus, pero la mitad de la gente que había en la parada se ha subido y la otra se ha quedado abajo. Ja. Encima, al autobús se entra por detrás y se sale por delante, para pagar al conductor al final del trayecto. La que voy a liar.

OK. 410 yenes por un trayecto de una parada. Ya les vale.

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Fuente para purificarse las manos antes de entrar al templo.
He recorrido el mercadillo buscando el templo, y por fin lo he encontrado. Esto es un gran parque absolutamente precioso. A la entrada de todos los templos hay una especie de abrevadero donde el visitante tiene que lavarse las manos para purificarse, así que allá voy, menos mal que hoy hace menos frío.
Me he pegado a un grupo que lleva un guía, y se han parado junto a un limonero. Tendré que preguntar por qué cuando vuelva a Ugata, a ver si alguien lo sabe.

Llegados a este punto, me parece que toca lección de historia para ubicarnos. El Ise Jingu es el conjunto de los dos templos de los que hablo y unos 125 más (casi nada). El Naiku, concretamente, está dedicado a la diosa Amaterasu Omikami 天照大御神.

Amaterasu.
Amaterasu es la diosa solar de Japón, de la que se dice que proviene la familia imperial. Según el mito, nació del ojo izquierdo de Izanagi, una de las deidades primigenias. Al mismo tiempo nacieron Susanoo (de la nariz) y Tsukuyomi (del ojo derecho), y entre ellos reaprtió su padre todo el reino. A Susanoo le tocó el mar, el rayo y la tierra; a Amaterasu, el sol y el cielo y a Tsukuyomi, la luna y la noche. Pero como a Susanoo no le gustó su parte, al morir Izanagi empezó a pelear con Amaterasu, llegando a descuartizar al caballo celestial, lo que asustó tanto a la diosa que se encerró en una cueva dando lugar a la oscuridad eterna. Para hacerla salir, los demás dioses (kami) organizaron una fiesta en la puerta de la cueva, llevando un espejo con ellos. La curiosidad hizo asomarse a Amaterasu, y preguntando qué ocurría le dijeron que había una nueva diosa, y le enseñaron su reflejo, que nunca antes había contemplado. Aprovechando lo absorta que se había quedado, los dioses cerraron la cueva y la convencieron de que regresara al Cielo. Mucho más tarde, enviaría a su nieto a pacificar Japón, y de ahí viene la historia de la familia imperial.
La diosa Amaterasu se fue del palacio imperial al Ise Jingu hace unos 2000 años, los mismos que llevan los bosques que rodean los dos santuarios. Tenemos que recordar que en Japón los años se cuentan según el emperador que esté en el poder en ese momento, así que se fundó en el año 26 del emperador Suinin, aunque la construcción en sí no tiene tanto tiempo debido a la ceremonia Shikinen Sengu, que para purificarlos se destruyen y reconstruyen cada 20 años (tanto el Geku como el Naiku.)

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El templo y su entorno son preciosos. Hay varias mujeres vestidas con kimonos, sospecho que las que llevan bebés, que son la mayoría, estarán celebrando alguna ceremonia similar a un bautizo. Los hombres que van con ellas también se visten muy elegantemente.

Los árboles tienen una increíble envergadura, los troncos son monumentales. Hay unas 5500 hectáreas de bosque, cruzado por un río. De hecho, para acceder al santuario hay que cruzar un puente bien grande. He comprado un cascabel de color morado por 300 yenes dentro del recinto, seguro que tiene algún significado. Esto de no poder leer ni hablar con nadie le hace a una sentirse un poco idiota.


Casa típica de Japón.
El mercadillo de la calle principal, que hacia el final sólo tiene unas cuantas viviendas típicas, es como cualquier zona comercial "todo-para-el-turista", con sus restaurantes (incluso un italiano al final del todo), sus tiendas de souvenirs y cositas típicas que no sirven para nada, como pañuelos, banderitas de colores y millones de figuritas de gatos, símbolo de la buena suerte (maneki neko 招き猫).

He descubierto el funcionamiento del autobús, a la vez que por qué me cobraron tanto en el trayecto de ida: al entrar hay que coger un ticket que señala el número de la parada en la que se sube uno. Sobre la cabeza del conductor hay un panel con tantos números como paradas tiene el recorrido. Antes de llegar a la siguiente parada aparece bajo cada número el precio que se debe abonar, en función de la parada en la que hayamos subido. Al lado del conductor hay un cajetín en el que se introducen las monedas. Bien, pues el conductor de la ida, al ver que no llevaba ticket, me cobró como si me hubiera subido en la primera parada y por eso pagué 200 yenes de más. Menos mal que me he fijado bien, y siguiendo al resto ahora he podido pagar yo solita. Y sólo 210 yenes.





Primavera.

Martes, 28 de marzo de 2006


Este mes ha transcurrido rápido y ya empieza a perfilarse una rutina para los próximos 8 meses que me quedan aquí. A partir de abril me apuntaré al gimnasio, a las clases de aqua-aerobic y a las clases de tai-chi, que son dos horas todos los martes en un colegio, según me ha dicho Josep, el pintor del parque. Estar en Japón es muy diferente, pero vivir en un pueblo pequeño no deja de ser aburrido por mucho que esté en la otra parte del mundo.


Calle que bordea el río de Ugata, con los puestos del mercado de los domingos ya cerrados.
Ayer fue festivo y durante estas dos próximas semanas son las vacaciones de primavera. En el paseo que lleva al Fresh-Mart se ve un montón de sakura (sakura es la flor del cerezo japonés, que no da fruto pero hace unos paisajes idílicos). Kyoto estará plagado de gente en abril para ver la floración en La Ciudad del Amor. Tengo previsto viajar allí los próximos 14 y 15, a casa de Azusa, que trabaja con el vestuario en el parque. La idea surgió de ella, en cuanto nos conocimos se ofreció a llevarme unos días a casa de sus padres, y eso lo entendí bien porque Azusa habla español, menos mal...

En el trabajo, aparte de la esperada rutina, está pasando algo que me parece la mar de curioso: los fans. Hay gente que viene a menudo al parque, ven todos los espectáculos y nos sacan fotos que nos regalan en la siguiente visita. Hace unos días una niña se me acercó para que le firmara un autógrafo en una libreta, amén de hacerme una foto con ella, claro está. A los bailarines de flamenco les llevan el desayuno a Hanabishi, y a veces van con latas de café y frutas o dulces para que las repartan (Lo de las latas de café tiene su aquél: hay por todas partes máquinas expendedoras de refrescos, café y té de todo tipo, en latas o botellines fríos o calientes, listos para tomar.)
Estoy tomando, junto con algunos de mis compañeros, clases de japonés. Un señor que se llama Hishashi viene a los apartamentos todos los años para conocer a los nuevos bailarines (sí, y a los tres malabaristas, que siempre los paso por alto) y ofrecerse a darnos clases. Ahora empiezo a hablar un poquito, muy rudimentariamente, pero puedo formular preguntas sencillas que utilizo cuando voy a la compra o con el personal del parque, y entiendo algunas de las cosas que me dicen. Es un idioma muy diferente a los que conozco.

Domingo, 9 de abril de 2006. La fiesta del sakura

El grupo con el que yo fui llegó un poco tarde, pero todavía a tiempo de ver en qué consiste: en la vereda del río, por donde estuve la primera vez, hay puestecitos de comida, e incluso un modesto tiro al blanco que probamos. Había que dar a un paquete de golosinas de los muchos que había para elegir. Ni Mike, ni Vir, ni Iván ni yo lo logramos, pero como premio de consolación el feriante nos regaló una especie de tubo de maíz horneado, cada uno de un sabor, algo parecido a los gusanitos que hay en España. Lo venden en todos los supermercados por 10 yenes en la zona de golosinas para niños.


Como la verbena a la que habían ido los demás no era aquéllo, en cuanto llegó el coche de Carles con los más rezagados nos dimos una vuelta por las callecitas de las tiendas, que ya estaban cerradas, y les preguntamos a tres japoneses que vimos cargados con bebidas a dónde debíamos dirigirnos para llegar a la otra zona de la fiesta. Muy al estilo japonés, esperaron a que cogiéramos nuestros coches y con el suyo nos guiaron hasta allí, quedándose además con nosotros cuando localizamos al resto de españoles.


La verbena consiste en un montón de chiringuitos de comida en una especie de camping plagado de cerezos en flor. Bajo el sakura, la gente extiende unas lonas azules impermeables y hace un pic-nic. Algunos días hay fuegos artificiales, pero no cuando yo estuve. Las celebraciones duran aproximadamente una semana, hasta que el sakura empieza a caerse para dar paso a unas hojillas verdes y pequeñas. Este año, el sakura ha durado poco debido a las bajas temperaturas y a las frecuentes lluvias, impropias de la estación. En Japón la época de lluvias es a mediados de junio y de septiembre, y dura alrededor de un mes.

Kyoto

Viernes, 14 de abril de 2006. En el tren.

Segunda visita: Kyoto. Llevo más de un mes esperando este viaje, que Azusa, del staff de vestuario, me prometió cuando nos conocimos. Ella es de allí, así que podré quedarme en la casa de sus padres. Tengo mucha curiosidad por confirmar lo que siempre he oido sobre la hospitalidad japonesa.

De momento, ningún problema para sacar el billete. Me alegro de tomar las clases de japonés, porque por poco que sea, algo mejor me hago entender. El precio es un pelín superior a lo que esperaba: 4320 yenes (frente a los 3800 que me habían dicho que costaba). He tomado el tren a las 9,10h y está previsto que lleguemos a las 11,57h. Aquí aún hay zonas para fumadores y no fumadores, por lo menos en el Limited Express -los rápidos-, ya que en el local que cogí para Ise no me asignaron asiento.

El tren es bastante confortable. Algunos vagones tienen dos pisos, como en el que me subí al principio, buscando mi asiento D33. Vi que el vagón era de la letra B, aunque como no había nadie, me quedé hasta la primera estación y ya luego me cambié al que me correspondía, porque con lo cuadriculada que es la mentalidad japonesa, si el revisor me ve sentada en otro lugar es capaz de echarme la bronca padre aunque no hubiera nadie más en todo el tren.

En la estación de Toba se ha subido algo más de gente en mi vagón. Hay un anciano algo encorvado que se ha sentado justo detrás de mí y que durante un buen rato ha estado gimiendo en voz muy alta.Lo más curioso de todo es que ningún otro pasajero parece haberlo percibido, o por lo menos nadie ha hecho siquiera además de mirarle. En España nos estaríamos riendo por lo bajini y cuchicheando.

Acabamos de parar en Isuzugawa. A partir de aquí, es terreno desconocido.

UJIYAMADA  -  ISESHI  -  MATSUSAKA  -  ISE-NAKAGAWA  -  IGA-KAMBE  -  NABARI  -  HAIBARA  -  YAMATO-YAGI  -  YAMATO-SAIDAIJI  -  KINTESTSU-TAMBABASHI  -  KYOTO
Creo que tanto Ujiyamada como Iseshi pertenecen también a Ise, igual que Isuzugawa. He oido llamar a Ise "pueblo santo", pero me me parece que tanto la extensión como la estructura son más bien las de una pequeña ciudad. Ya he estado tres veces en Ise: la primera cuando visité el santuario;  la segunda, con Josep y Carolina en el restaurante tibetano (qué bueno!!) y la tercera, el pasado domingo en la fiesta del sakura.

Por lo que veo, el paisaje apenas cambia desde Ugata. Los pueblos, más grandes o más pequeños,son pegotes de casas distribuidas aleatoriamente a los lados de una o dos carreteras principales, con suerte formando alguna que otra callejuela interior, todo desestructurado. Nabari tiene pinta de ser similar a Toba en tamaño, quizá se pueda hacer una excursión.

Conforme avanza el tren, puedo comprobar que los árboles tienen cada vez más sakura. Tal vez en Kyoto lo conserven también; en Ugata apenas les queda.

Haibara también parece grandecito. Quizá visitaría estos pueblos si estuvieran más cerca, porque lo que se dice bonitos, no son... Probablemente tengan algún templo que pueda merecer la pena, escondido a las afueras. Yamato-Yagi tiene incluso aceras... a medida que nos acercamos, todo toma más forma.

Por su parte, el abuelo que se sienta detrás de mí sigue gimiendo de vez en cuando. Creo, no obstante, que lo que hace es bostezar. A lo mejor es normal bostezar así en Japón y por eso nadie se sorprende... como les encantan las onomatopeyas...

Llegando a Kintetsu-Tambabashi, desde donde estoy sentada (a la izquierda), he podido ver dos casas con grandes jardines de estilo típico japo. Además de vegetación abundante hay varios altarcillos con figuras de Buda en varios colores. Son hermosos de verdad, y tienen pinta de necesitar muchos cuidados.

Estoy viendo la primera pagoda, entrando en Toji (el tren pasa de largo esta estación). Tiene cuatro pisos, y parece mirar con soberbia los pequeños edificios industriales de alrededor.

En la ciudad

Sábado, 15 de abril de 2006. Kyoto

Ayer fue un día intenso en el que pude hacer muchas cosas y muy japonesas todas ellas. Este viaje me ha servido para conocer más de las costumbres autóctonas, ya que sólo me he relacionado con japoneses, dejando a un lado -por fin- la burbuja Hanabishi.

 

Azusa me esperaba en la estación de Kyoto. Compramos un carrete de fotos (36 fotos, 800 yenes) y su madre, Yunko, un amor de mujer, nos llevó en coche hasta las cercanías del templo budista Kiyomizu-dera, el "Templo del Agua Pura". Hice muchísimas fotografías porque es enorme y ofrece un espectáculo natural y espiritual inigualable. Además, afortunadamente, quedaba aún mucho sakura.



Para llegar al templo hay que subir unas escaleras que dan a una cuesta. A mi izquierda hay una pagoda de cinco pisos, Hokan Ji, que en principio se construyó en la época en la que se instaló el budismo en Japón (s. VII), pero que se ha reconstruido varias veces.

Subimos al templo. Rezamos pidiendo un deseo ante la figura de Okuninushino-Mikoto, dios de los matrimonios y del amor (¡!, a algo hay que rezar...) al que ofrendamos una moneda de 5 yenes, las del agujerito en medio. El templo está en una montaña, y por ella fluye el manantial que da nombre al templo y que recogen los visitantes desde la cascada Otowa no Taki -previo pago de 200 yenes- para beber un trago que les proporcione una vida más larga y saludable.

En realidad, el Kiyomizu-dera es un conjunto de varios pabellones distribuidos a lo largo de un sendero, perfectamente habilitado para que el turista no se pierda. Ahora va la lección: el templo, 清水寺, se fundó el año 778 originariamente... sin embargo, el pabellón principal, el Jishu, es de 1633. Ahí es donde se aloja Okuninushino-Mikoto. Justo enfrente hay dos rocas, y la tradición dice que si se es capaz de llegar de una a otra con los ojos cerrados, se tendrá suerte en el amor. Es muy recomendable el prodigio de terraza de madera, desde donde abruma el paisaje, aún más si se visita en primavera (con el sakura) o en otoño (con la coloración roja del arce).

Saliendo del templo, tomamos la callejuela que bajan hasta Gion, Ninenzaka, y que son un maremágnum de tiendas de souvenirs y productos típicos entre hordas de turistas orientales y occidentales. Paramos en uno de los establecimientos a comprar nure okaki, que es una especie de galleta salada rellena de shoyu sólido (salsa de soja), de forma rectangular y pequeña, que nos dieron en sendas bolsitas de papel, tres por barba. OISHIII!!

En Gion, el barrio antiguo, pudimos ver dos maikos que viajaban en una jinrikisa (una especie de calesa tirada por un mozo con sombrerito cónico típico). Las geishas no se ven, sólo las aprendices, que van llamando mucho la atención con tanto adorno en el pelo y esos kimonos tan ricos. Se dejan hacer fotos como si fuera lo más normal del mundo. Este barrio es el indicado para el turista que quiera verlas, porque ya no quedan muchas; además es en el que se inspira "Diario de una geisha".

Paseando por allí vimos otro templo, el Kennin-ji, 建仁寺 , que es el templo zen más antiguo que hay en la ciudad (construido en 1202). Fue fundado por un monje que trajo de China el ritual del té. Hoy en día se celebra su nacimiento con la tradicional Cha no yu, 茶の湯 (ceremonia del té), el 20 de abril.

Más Kyoto

Junto a Gion está el Maruyama Park, muy animado, lleno de puestecitos de helados y golosinas. Es un parque al estilo japonés, embellecido además por el sakura. Al lado encontramos el templo Chion-in, 知恩院, cuya puerta principal es la más antigua de madera que hay en Japón, y que es Tesoro Nacional.


Saliendo ya de esta zona, cruzamos el río para callejear buscando un sitio para comer. Hay pequeños canales cruzados por puentes en algunas callecitas que me parecieron encantadores. Eran las cinco de la tarde, por lo que resultaba difícil encontrar un restaurante abierto. Entramos en uno, finalmente, en le que la comanda era electrónica, de tal suerte que se introduce el dinero en una máquina y se selecciona lo que se quiere comer, obteniendo un ticket que se entrega al camarero para que traiga los platos escogidos. ¡!


Por la tarde, de compras. Recorrimos la San-jo y la Shi-jo (Tercera y Cuarta avenidas), que se me parecieron a las calles del centro de Londres. Me resultó curioso que estaban atechadas por una tejabana por todo lo largo. Los precios no eran tan baratos como en Ugata, pero eran muy similares a los que hay en España. El problema era que los pantalones japoneses no me sientan bien, porque ellos tienen piernas cortas y tronco alargado, una estructura opuesta a la mía. Total, que es bastante complicado encontrar cualquier cosa.


De vuelta en su casa para la cena, Yunko nos había preparado maki-sushi, una especie de "hazlo tú mismo" para lo que había que coger un trozo de nori (alga oscura laminada) y ponerle encima u poco de arroz, en el centro del cual se coloca el gusto deseado: un trocito de pescado crudo, una lámina de shiitake (seta), o un trocito de verdura cruda (en mi caso); después se enrolla y se va mojando en salsa de soja, dispuesta en un platito individual aparte. Una amiga de Azusa se nos unió, Chiho. Además del maki-sushi, en otro plato (para cada una,) había unos bolecitos con especialidades japonesas cuyo nombre ya no recuerdo. Una de ellas era una clase de judiones blancos de sabor dulce. Otra, unas legumbres también blancas troceadas y en una especie de salsa gomosa que a la vista parecía queso fundido. De postre, piña y fresas naturales. Una vez más, oishii!!


Por la noche, Yunko nos llevó a las tres a la Universidad, donde había una fiesta de estudiantes de lo que sería Filología Hispánica, que es lo que hizo Azusa. La fiesta estaba algo apagadilla, pero nos quedamos. Estuvimos hablando con unos y otros hasta las 5,30h. Luego, lo peor: la vuelta en metro.


Al día siguiente, como llovía, decidimos ir de compras otra vez, así que fuimos a The Cube, un centro comercial enorme, de 11 plantas y 2 más subterráneas, con una arquitectura moderna muy interesante, y me compré unos zapatos de charol verdes. La última planta es de restaurantes y cafés; las centrales, de departamentos al estilo de El Corte Inglés. Azusa quería llevarme a tomar el helado de matcha (té verde) más famoso de Japón, que está allí dentro, pero no pudimos porque había que esperar una cola de 45 minutos. Bueno, nos tomamos un cucurucho en otra heladería igualmente.


La vuelta en tren no la pagamos porque una compañera de Azusa nos regaló los tickets; se los había dado un amigo que trabaja en los ferrocarriles. Fueron 40 minutos más que a la ida, porque cogimos el tren provincial, pasando por Nara. Esta ciudad también tendré que verla.


A la llegada, una de las compañeras de vestuario de Azusa (cuyo nombre no recuerdo) le llamó y nos invitó a ir a su bar. Los bares así son sólo para hombres, van allí cuando salen del trabajo y cenan, beben (mucho), cantan canciones en el karaoke y hacen el bestia entre amigos durante la semana. Ese día estaban celebrando algo y por eso nos dejaron entrar, porque los días normales la mujercitas tienen que esperar en casa...
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Vida cotidiana

Jueves, 27 de abril de 2006. Ugata.

Me he dado cuenta de que, con el paso del tiempo, me he habituado a ciertas cosas de Japón y de los japoneses, y ya las tomo por normales, pero no he hecho mención a ellas en este cuaderno de bitácora.

Por ejemplo, el pachinko. Hay muchos edificios, considerablemente grandes, dedicados a las máquinas tragaperras. Son como hipermercados del juego. Los veo cuando voy en autobús al trabajo, o cuando voy en coche con alguien a algún sitio, con sus carteles de colores y sus neones, pero no he entrado nunca y no creo que lo haga. En Kyoto también los había, de un  tamaño más modesto porque no están en medio del campo. Al pasar por delante, llaman poderosamente la atención dos cosas: el ruido atronador de docenas de monedas, palancas, mecanismos, todo a la vez; y lo hacinados que están los jugadores, con el espacio justo que ocupa la máquina. Da mucha pena... hay personas que dedican su tiempo libre a esto, nada más. Horas y horas con las tragaperras.

Otra forma que tienen de divertirse es yendo a un centro comercial a comprar cualquier cosa. Las tiendas abren 7 días a la semana y siempre hay gente en ellas. Los japoneses consumen y consumen sin parar, la moda es recargada, las casas están plagadas de cachivaches, todo lo hacen masivamente. La gente no sale a pasear, sale al centro comercial.

Todo esto ofrece una imagen tan terrible como certera de lo decadente de la mentalidad de este país. Tienen una presión tan grande en el trabajo que, cuando salen, se emborrachan. Además, es una sociedad increíblemente machista, que ve con malos ojos manifestar los sentimientos en público. Entre los bailarines japoneses del parque hay dos parejas. A veces comen juntos, uno frente al otro, sin tocarse, besarse o acariciarse jamás. De hecho, sé que son pareja porque me lo ha dicho Azusa. Y lo mismo ocurre con las que vienen al parque: se intuye que están juntos, aunque ni aiquiera se cogen de la mano.

En otro orden de cosas, hace tres días me empasté dos muelas. Como en todas partes, en la consulta del dentista había un montón de personal (así no me sorprende que no haya paro, si para hacer el trabajo de una persona contratan a cinco). Tardaron menos de media hora en reconocerme y tratarme, no necesitaba anestesia, pero aún así, un tiempo récord. Es muy barato, 2000 yenes cada empaste.

También al ir a echar gasolina hay un montón de empleados desplegados alrededor del coche, esto es muy divertido: mientras uno llena el depósito, otros dos hacen una pequeña limpieza de cristales y carrocería, y otro te pasa una bayeta por si quieres limpiar el interior. Te sientes como un piloto de F1. En los supermercados hay siempre más de una caja abierta, así que pocas veces hay que hacer cola. Todo esto está muy bien, por aquéllo del índice de paro y demás, pero el resultado es que se crean personas cuadriculadas y monotarea, sin capacidad de decisión ni modificación, y cuando hay algún problema es exasperante. Cuando estás aquí te das cuenta de que en España no somos tan panolis y tan vagos como nosotros mismos creemos.

Boda de rocas en Japón: Meoto Iwa

Cerca de Ise se encuentra un santuario de la tradición shinto, ligado a la Historia más ancestral según esta antiquísima religión isleña.



A pesar de que fuimos un 7 de julio, hacía un día gris y no pudimos ver el Fuji san a lo lejos, como dicen. Aún así, estas rocas cargadas de simbolismo y el templo fueron una bonita excursión para no perderse dentro de la prefectura de Mie.

Los detalles se pueden consultar en Diabarama, más allá de viajar

TIPS DE VIAJE

CUÁNDO IR
Pues cualquier época del año es buena, aunque habrá que tener en cuenta el clima que nos gusta soportar. Los inviernos son algo más fríos que en España, y los veranos son muy calurosos y con una humedad de más del 95%, dependiendo del área.
También es una opción intentar cuadrar el viaje con alguna fiesta local. Es digno de ver.
Si se quiere subri al Monte Fuji, habrá que informarse qué días está abierto (julio.)

QUÉ VER
*La calidez de Osaka y sus gentes, comparados con el resto. Ir de compras por America Mura y sus tiendecitas de moda arriesgada.
*La isla de Odaiba en Tokyo. El pirulí en Roppongi y un domingo por la mañana con los chavales vestidos como en un comic.
*Kyoto, la Ciudad del Amor, y sus numerosos templos. También las maikos paseando por el barrio antiguo.

QUÉ COMER
*Okonomiyaki en un restaurante de Osaka.
*Takoyaki.
*Yakitori en una parrilla.
*Kakis en octubre (son típicos de Gifu).