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TIPS DE VIAJE (VIETNAM NORTE)

CUÁNDO IR
El verano es bastante caluroso. Nosotras fuimos en noviembre y el clima fue agradable.

QUÉ VER
*La Pagoda del Perfume. No hay que perderse el viaje por el río, entre nenúfares.
*La bahía de Ha Long. Imprescindible hacer un recorrido en barco entre las islas.

LO MEJOR
*La comida vietnamita es deliciosa. Para aventureros, hay restaurantes donde sirven perro.

La Pagoda del Perfume

Jueves, 16 de noviembre de 2006. Ha Noi

Anoche llegamos al hotel y tardamos medio segundo en quedarnos dormidas. Y esta mañana nos levantamos a las 7 para ir a la Pagoda del Perfume, vendrán a recogernos al hotel entre las 8 y las 8,30. Ahora mismo estamos desayunando en el restaurantito del Fortuan, porque nos han dicho que viene incluido en el precio de la habitación un menú matutino a base de huevos fritos, pan con mantequilla y mermelada, arroz, fideos, fruta y bebida. Todo ello.

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Han venido a recogernos justo cuando acabamos de desayunar  -por cierto, debimos entender mal, porque no nos trajeron arroz ni fideos- y ahora estamos en una furgoneta Ford con equipazo de música Sony, un conductor y una guía muy bien vestidita, que habla muy bien inglés y que se llama Chang.

Hemos ido a recoger a otros turistas a sus hoteles: una pareja de franceses y un chico italiano, y Chang nos ha dado una charlita sobre lo que vamos a hacer: tardaremos un par de horas en llegar al río Day, que sólo está a 70 km de Ha Noi, pero como las carreteras no son muy buenas que digamos y hay tantísimas motos, se ralentiza mucho el desplazamiento. Hay que subir el río en canoa y luego, trekking hasta la cima del monte, donde está la cueva que alberga la pagoda más grande.

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Pues efectivamente, ése ha sido el recorrido. Llegamos a Ha Tai, el pueblo donde se toman las canoas; dejamos la furgoneta en un garaje privado, me compré un non (un sombrero cónico de por allí, yo y mis disfraces), y nos montamos en dos barcas rojas de remo, con conductor: Raquel, Renato (el italiano) y yo en una; los franceses con Chang en la otra. La embarcación es muy incómoda, no se pueden estirar las piernas y los asientos son muy bajos, de modo que uno va medio encogido, pero el paisaje es tan cautivador que no importa. Los campesinos usan idénticas barcas para ir de un campo a otro, y otras más grandes y a motor para transportar arenisca o paja. En las orillas crecen nenúfares rosas, y aunque en esta época las flores están cerradas, dan al entorno un toque de magia.

Llegamos a una zona de tiendas de souvenirs que anunciaba que habíamos llegado a la subida a la pagoda. Se puede ir a pie, como nosotros, o en funicular. Cada ciertos tramos hay puestecitos para comer y beber, y los vietnamitas intentan venderte de todo. En uno nos encontramos a un grupo de españoles de Girona, ya mayorcitos, y nos los volvimos a encontrar varias veces en el camino de ida y en el de vuelta.


Una vez subida la montaña, hay que bajar unas escaleras para llegar a la primera pagoda que vimos. Huong Da, "pagoda del perfume", es el nombre que recibe el complejo de pagodas y santuarios que hay en la montaña, de los cuales visitamos dos.

Antes de bajar los 120 escalones que llevan al lugar sagrado (y en ese momento te preguntas: ¿para esto he tenido que subir la montaña? ¿Para volver a bajar???), Chang nos contó varias cosas: en primer lugar, la diferencia entre "pagoda" (budismo) y "templo" (para honrar a los ancestros.) También, que las pagodas del Norte de Vietnam se parecen a las Chinas y las del Sur, a las indias o tailandesas. Nos dijo que Huong es el nombre de una montaña de China donde estuvo Buda, y en honor a ello le pusieron ese nombre a la pagoda, que en vietnamita significa "perfume" casualmente. Viene muy bien, porque entre enero y marzo, que es cuando se celebra el festival de la pagoda, florecen muchas plantas que hacen aromática la ruta. Normalmente, la gente acude a los ritos el primer y el decimoquinto día del mes. A la entrada de la gruta, porque el santuario está en una cueva, hay una inscripción en chino que dice que es la pagoda más bella del sureño Vietnam. La verdad es que es muy bonito, con sus fantásticas formaciones de estalactitas y estalagmitas, y la gente las toca para pedir salud, belleza o dinero.


Después recorrimos de vuelta todo el camino y paramos a comer en un restaurante cercano al embarcadero. Los de la agencia tuvieron la delicadeza de preguntarnos si seguíamos alguna dieta específica, y además de la mía tuvimos que contar con Céline, que tampoco come carne. Comimos tofu en salsa de tomate, una tortilla con vegetales, espinacas, patatas fritas, y había pescado y cerdo con una especie de rebozado. La bebida iba aparte. Después de comer vimos un santuario que hay al lado, con una entrada dividida en tres puertas: la central, para los reyes; las otras, para los mandarines y demás nobles. Era muy parecido a los templos japoneses, con dos figuras de leones impactantes y un pabellón oscuro donde estaban los iconos al que había que acceder descalzo. Al contrario que en Japón, nos dejaron sacar fotos dentro.

Fin del largo primer día


Son las cinco de la tarde y creo que he llegado a mi cupo diario de soportar dolor de cabeza. En el restaurante hindú al que fuimos se equivocaron, y en lugar de dos raciones nos trajeron una, enana y después de muuuucho esperar. Claro que se comprende, si han dejado de cocinar todo excepto entrantes y no servían nada más.

Volvimos a pasear por la zona comercial que rodea el Hoan Kiem, por la parte del Old Quarter. Es un paraíso de la falsificación, miles de cabezas rubias y teces claras se pasean regateando en dongs o en dólares. Muchos de los comerciantes no saben lo que es el euro, y ni qué decir tiene que para ellos todo es Francia o EE.UU. Estuvimos buscando una maleta para Raquel, porque se equivocó de llaves y ahora no puede abrir el candado, así que habrá que romper la que ha traido.

He dejado haciéndose a medida un ao dai, podré ir a recogerlo a sobre las 20h. Me ha costado un poco convencer a la modista para que me lo hiciera rápido, porque atendiendo a nuestra costumbre de no planificar mucho, nunca sabemos cuánto tiempo vamos a estar en Hanoi.

Después decidimos ir a tomar un helado; consultando en la Lonely Planet dimos con un sitio que se llama Fanny y que esperamos nos dé una alegría. Mientras nos dirigíamos hacia allí (está un poco lejos, al otro lado del lago), nos encontró un señor que había estado hablando con nosotras en el aeropuerto. Raquel se acordaba, y por eso le dimos bolilla para que nos llevara a la agencia de un amigo suyo que nos organizaría lo que quisiéramos hacer. Lo pintaron todo muy bonito, dormir en un barco en la bahía de Ha Long, pasar otra noche en Cat Ba, transporte de ida y vuelta... y cuando nos dicen que son 8 millones de dongs... ¡¡pero si ni siquiera hemos cambiado esa cantidad!!! Tardamos un poco en quitárnoslos de encima, mira que son perseverantes, pero ya estábamos tan hartas que al final nos fuimos con cajas destempladas.




Decidimos coger un cyclo para ir a Fanny, y aquí estamos, después de que el conductor nos dejara bien lejos de donde habíamos acordado, y todo porque nos negamos a coger un cyclo cada una. Por supuesto, quiso cobrarnos 5000 dongs de más. Ahora estamos cansadas y hasta el gorro,  y hemos decidido hacer planes para ir mañana directamente a Ha Long.

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Bueno, por fin tenemos algo definitivo para mañana: hemo contratado una excursión a la Pagoda del Perfume por 24000 dongs cada una. A ver qué tal. Chua Huong, como Huong es el nombre de la modista que me ha confeccionado el traje. Acabo de recogerlo, hace un rato, me lo he probado y además he tenido una charla con Huong, que me ha contado que en la escuela tenía que estudiar ruso por aquello del comunismo. Ahora habla un inglés muy bueno.

Salimos de "Au Viêt", la tienda del ao dai, y nos dirigimos a un local de jazz que vimos cuando fuimos a dejar las compras en el hotel. Hay música en directo todos los días a partir de las 21h, se llama Minh's Jazz Club. De camino, una de las mujeres que venden fruta vestidas de campesinas se empeñó en que le compráramos algo. No queríamos, pero ella se reía y nos seguía, y de pronto me pasó el palo que llevan al hombro para sujetar los platos donde transportan la mercancía que venden. La mujer se moría de risa, y me plantó el sombrero cónico de mimbre, el Nón Lá, mientras decía "yes, yes, photo, photo." Y bueno, me saqué la foto con ella y le compré piña y platanitos, total por 30000 dongs. Pero qué cara más dura tienen.

En el club de jazz, donde sólo habemos guiris, estamos cenando. Raquel pidió patatas fritas y una hamburguesa con bacon, y yo verduras salteadas que venían con guarnición de arroz blanco. Y menudas raciones, yo me he dado por vencida con las verduras hace rato. Mientras nos tomamos un Bayleys y vemos el concierto, uno de los cocineros sale y se sienta en un banco que hay apoyado en la pared, entre la barra y la cocina, para disfrutar también de la música en directo. Y también para sacarse una de las sandalias y masajearse el pie, allí, delante de todo el mundo, como si tal cosa. Claro, que eso no es nada comparado con la búsqueda del moco perdido con la que nos deleitó justo después. Ay.


Escala y llegada

MIÉRCOLES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2006. BANGKOK

Estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Bangkok después de un vuelo sin mucha pena ni gloria. Hizo frío en el avión, yo pedí otra manta, pero nada. Se me olvidó pedir el menú vegetariano al hacer la reserva y anoche me dieron un onigiri y un canapé de pollo que se comió Raquel. El desayuno de esta mañana parecía de hospital: pescado hervido, arroz blanco y una bolita de patata dentro de una bolsita de pasta de arroz y recubierto de gelatina... menos mal que pasaron dos veces la bandeja de croissancitos calientes.


AEROPUERTO DE BANGKOK. Nos hemos perdido un poco al principio, estábamos haciendo cola en un mostrador cuando el chico que teníamos al lado nos preguntó en español de dónde éramos, y entonces aprovechamos para preguntarle si necesitábamos guardar esa cola. El chico era un bilbaíno que venía de India y se dirigía a Shanghai, donde llevaba viviendo un tiempo (y hablaba chino con un señor que estaba también medio perdido), preparando un doctorado analizando empresas. Por suerte no era necesario solicitar nada en el mostrador para el que esperábamos, ya que nuestras tarjetas de embarque estaban completas; total que nos dimos una vuelta por el duty free y ya nos metimos en la Gate D7 a esperar el avión. Al poco, la sala de espera se empezó a llenar de franceses vestidos de spoooooooooort, que se van a la colonia con los indígenasss.

Las pasarelas que van a los aviones están llenas de carteles naranjas, algunos con la foto de un hombre y el logo "Long live The king". Da un poquito de miedo...

HANOI.

Se me cierran los ojos de sueño, y de nada sirve la música dance hortera que nos ha puesto el taxista. Espero que se me pase pronto.
Llegamos al aeropuerto de Hanoi, y tras esperar una eternidad por las maletas, cambiamos 30000 yenes cada una. Luego, con 4,020,000 dongs y la cartera a reventar, salimos. Inmediatamente nos empezaron a llamar todos los taxistas qye había, y a enseñarnos los carteles que indican que por 150,000 dongs o 10 USD te llevan a la ciudad. Tomamos uno cualquiera, y aquí estamos. Nos ha llamado la atención un tipo de edificio de viviendas, muy estrecho y de dos o tres plantas, que prolifera por todas partes, con las fachadas de colores; y también la cantidad de motos y bicicletas que, al parecer, deberían circular por la derecha, a juzgar por lo que el conductor nos comenta en un paupérrimo inglés. Por cierto, el volante de los coches está a la izquierda, como en España.

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El taxista de la música hortera nos llevó al Old Quarter de Hanoi, supuestamente al Hotel Sunshine. De pronto paró el coche, y otro hombre abrió mi puerta mientras me presentaba la tarjeta del Sunshine y me contaba una historia en inglés sobre no sé qué congreso y que el hotel estaba lleno, ofreciéndose a llevarnos a otro... aceptamos con la boca pequeña, dejándonos timar por el cansancio... y al llegar. el taxista pretendía que le pagáramos 150,000 dongs cada una!!! Nos negamos, claro, y como sólo tenía billetes de 100,000, le hice darme el cambio antes de pagarle, por si acaso.

De muy mal humor, entramos en el hotelucho. Fortuan, se llama. Subí yo a ver la habitación: 25,000 dongs,  con AC, TV y desayuno, pero cutre hasta decir basta. Nos la quedamos.


Ducha y tal y cual y bajamos a explorar. Preguntamos en la pequeña oficina de turismo del hotel por los autobuses para ir a Hai Phong, y ya nos intentaron vender todo tipo de excursiones. Yo estaba negra, y para colmo nos dimos cuenta nada más salir del hotel de que el tráfico es de locos, peor que en India, y es todo muy estresante.

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Hemos parado a comer en un restaurante hindú (sorpresa) que encontramos por el camino... a ninguna parte. Me voy a tomar una orangina, que hace siglos que no pruebo una.


Antes de comer fuimos hasta el lago Hoan Kiem, que por cierto es verde fosforito. Bueno, y nos vimos el Templo Ngoc Son, que es parecido a los templos japoneses, y al que se accede a través del puente Huc, cuya foto maravillosa aparece en la Lonely Planet. Hay que verlo después, porque la foto de la guía debe ser de tiempos mejores. En fin, 3000 dongs de entrada cada una, que tampoco es tanto.
Pero de verdad, tengo que buscar las fotos del templo, porque es injusto colgar sólo ésta que he encontrado por Internet, hay que ver lo que Raquel y yo vimos con estos dos pares de ojos.
Al salir del templo nos llamó una chica, que iba con otra con un cuaderno, y nos pidió permiso para hacernos una breve entrevista referente a qué nos parecen los vietnamitas y los medios de transporte. (Ésta tuvo suerte de pillarnos el primer día.) Muy agradable, la chica, pero creo que no sabía dónde está España. Nos dijo que parecíamos "more westerners"...

VIETNAM. En buena hora...

Me resulta poco agradable hacer la reseña de este viaje en particular, pasó de ser una semana de turisteo a una odisea infernal, con prórroga obligada para más INRI. Pero qué le vamos a hacer, la experiencia es la experiencia y de ésta os prometo que aprendí. La letra con sangre entra...

MARTES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2006. UGATA

Son las 17:15h, a las 18:30h tomaremos el tren para Osaka y luego, el autobús desde Uehommachi hasta Kansai, como cuando fuimos a India.
Ahora estoy en casa de Raquel, tomando nota del valor del DONG, la moneda nacional de Vietnam.

1EUR = 20,626.17 VND   
183 JPY = 25,000 VND
1 JPY = 136.6 
1.21 EUR= 25,000 VND  
1800 INR = 640,833 VND