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Fin del largo primer día


Son las cinco de la tarde y creo que he llegado a mi cupo diario de soportar dolor de cabeza. En el restaurante hindú al que fuimos se equivocaron, y en lugar de dos raciones nos trajeron una, enana y después de muuuucho esperar. Claro que se comprende, si han dejado de cocinar todo excepto entrantes y no servían nada más.

Volvimos a pasear por la zona comercial que rodea el Hoan Kiem, por la parte del Old Quarter. Es un paraíso de la falsificación, miles de cabezas rubias y teces claras se pasean regateando en dongs o en dólares. Muchos de los comerciantes no saben lo que es el euro, y ni qué decir tiene que para ellos todo es Francia o EE.UU. Estuvimos buscando una maleta para Raquel, porque se equivocó de llaves y ahora no puede abrir el candado, así que habrá que romper la que ha traido.

He dejado haciéndose a medida un ao dai, podré ir a recogerlo a sobre las 20h. Me ha costado un poco convencer a la modista para que me lo hiciera rápido, porque atendiendo a nuestra costumbre de no planificar mucho, nunca sabemos cuánto tiempo vamos a estar en Hanoi.

Después decidimos ir a tomar un helado; consultando en la Lonely Planet dimos con un sitio que se llama Fanny y que esperamos nos dé una alegría. Mientras nos dirigíamos hacia allí (está un poco lejos, al otro lado del lago), nos encontró un señor que había estado hablando con nosotras en el aeropuerto. Raquel se acordaba, y por eso le dimos bolilla para que nos llevara a la agencia de un amigo suyo que nos organizaría lo que quisiéramos hacer. Lo pintaron todo muy bonito, dormir en un barco en la bahía de Ha Long, pasar otra noche en Cat Ba, transporte de ida y vuelta... y cuando nos dicen que son 8 millones de dongs... ¡¡pero si ni siquiera hemos cambiado esa cantidad!!! Tardamos un poco en quitárnoslos de encima, mira que son perseverantes, pero ya estábamos tan hartas que al final nos fuimos con cajas destempladas.




Decidimos coger un cyclo para ir a Fanny, y aquí estamos, después de que el conductor nos dejara bien lejos de donde habíamos acordado, y todo porque nos negamos a coger un cyclo cada una. Por supuesto, quiso cobrarnos 5000 dongs de más. Ahora estamos cansadas y hasta el gorro,  y hemos decidido hacer planes para ir mañana directamente a Ha Long.

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Bueno, por fin tenemos algo definitivo para mañana: hemo contratado una excursión a la Pagoda del Perfume por 24000 dongs cada una. A ver qué tal. Chua Huong, como Huong es el nombre de la modista que me ha confeccionado el traje. Acabo de recogerlo, hace un rato, me lo he probado y además he tenido una charla con Huong, que me ha contado que en la escuela tenía que estudiar ruso por aquello del comunismo. Ahora habla un inglés muy bueno.

Salimos de "Au Viêt", la tienda del ao dai, y nos dirigimos a un local de jazz que vimos cuando fuimos a dejar las compras en el hotel. Hay música en directo todos los días a partir de las 21h, se llama Minh's Jazz Club. De camino, una de las mujeres que venden fruta vestidas de campesinas se empeñó en que le compráramos algo. No queríamos, pero ella se reía y nos seguía, y de pronto me pasó el palo que llevan al hombro para sujetar los platos donde transportan la mercancía que venden. La mujer se moría de risa, y me plantó el sombrero cónico de mimbre, el Nón Lá, mientras decía "yes, yes, photo, photo." Y bueno, me saqué la foto con ella y le compré piña y platanitos, total por 30000 dongs. Pero qué cara más dura tienen.

En el club de jazz, donde sólo habemos guiris, estamos cenando. Raquel pidió patatas fritas y una hamburguesa con bacon, y yo verduras salteadas que venían con guarnición de arroz blanco. Y menudas raciones, yo me he dado por vencida con las verduras hace rato. Mientras nos tomamos un Bayleys y vemos el concierto, uno de los cocineros sale y se sienta en un banco que hay apoyado en la pared, entre la barra y la cocina, para disfrutar también de la música en directo. Y también para sacarse una de las sandalias y masajearse el pie, allí, delante de todo el mundo, como si tal cosa. Claro, que eso no es nada comparado con la búsqueda del moco perdido con la que nos deleitó justo después. Ay.


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