Safe Creative #0911295027422

El reto

Esto va a ser mucho más que complicado. En mi viaje a Gambia todavía no tenía estas ideas mías de andar escribiendo cuadernillos, así que voy a tener que redactar de memoria. Además, todavía no tenía siquiera una cámara digital, lo cual quiere decir que voy a tener que escanear las fotos... qué pereza...  En fin, ya que he empezado, no hay marcha atrás. La aventura empieza en

Gijón, finales de agosto de 2004


Ya, ya, ya sé que marea esto de que nunca estoy viviendo en el mismo sitio, pero ¿qué queréis que os diga?, por eso hago un blog de viajes. Bueno, el caso es que ese año de 2004 estuve viviendo en Gijón, y una buena mañana, sin comerlo ni beberlo, recibo una llamada de mi amiga Mayte, de Madrid, preguntándome qué fechas me vienen bien para viajar a Senegal. ¿¿¿??? Así. Por las buenas. Me pilló tan desprevenida que no supe muy bien qué decirle... así que colgó y llamó otra vez a los cinco minutos, proponiendo Gambia. El caso es que yo no estaba muy por la labor de gastarme una pasta en unas vacaciones, porque estaba a puntito de irme a vivir a Londres y de aquélla la libra estaba por las nubes, así que la tía, ni corta ni perezosa, me buscó un destino más barato. Toma ya.



Por aquel entonces yo no había hecho ningún viaje fuera de Europa, aunque me llamaba mucho la atención ir a África. Mayte reservó todo, y aunque apenas teníamos tiempo de vacunarnos, nos fuimos igual. Aaaaah, esto me recuerda que tengo la cartilla de vacunación por ahí, voy a fisgar la fecha: el 6 de septiembre de 2004 me puse la vacuna contra la fiebre amarilla. No es obligatoria, pero sí muy recomendable. La historia es que tarda en hacer efecto una semana, y yo me fui a los dos días. Española hasta las trancas.


Madrid, 7 de septiembre de 2004

El vuelo salía de Barajas, así que me fui a casa de Mayte el día antes, así de paso buscaba una guía en la FNAC, porque en Asturias no conseguí encontrar nada. Y de hecho, en Madrid sólo encontré una en condiciones, la Rough Guide to The Gambia, en inglés, 19 euros. Y aún así, bah.

No tengo palabras para explicar lo desinformada que iba de todo. Mayte compró unas pastillas para la malaria, parece ser que había que tomar una cuando salieras de viaje y sendas más en las dos semanas posteriores. Pero algo me dijo de que podían sentar mal... pero que muy mal... de verdad que no sé cómo salí tan campante de aquel viaje.

En la maleta: protector solar de pantalla total, ropa cómoda y un gorro. Marchando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario