BUSHMILLS, 10 de agosto de 2010. Martes.



El vuelo salía de Barajas a las 16,30h, con destino Heathrow para hacer un cambio de allí a Belfast. Saqué el billete hará... no sé... ¿unos cuatro meses? Ida y vuelta me ha costado casi 300 €, bastante caro teniendo en cuenta que viajar por Europa es, hoy en día, una ganga.

Estos últimos días he estado entretenida en otras tesituras, de modo que la maleta casi se ha tenido que hacer ella sola.  Por supuesto, me he dejado la mitad de las cosas en Madrid, pero lo peor es que hace un frío que pela y esto sí que no me lo esperaba. Amanda me había dicho que trajera algo de abrigo, pero yo me imaginaba un tiempo como de primavera, y en Internet anunciaban temperaturas entre 17 y 18ºC. Voy a tener que ir de compras (... qué pena...) porque de ropa útil sólo tengo unos jeans, unas deportivas y una fina cazadora de cuero, y para una semana dudo que sea suficiente.



El vuelo, bien; si exceptuamos que a mí y a otra chica nos dieron el mismo asiento y tuvimos que esperar un rato a que nos reasignaran, La azafata era encantadora, así que tampoco hicimos una montaña del error. Eso sí, tuve que pedir una manta porque la cabina estaba como un congelador.

El tránsito en Heathrow fue raro. Hay que pasar por un montón de controles, en uno de ellos te hacen una foto (y yo con estos pelos) y luego te dan una pegatina que después ponen en una tarjeta en el último mostrador por el que pasas. Bueno, cambio de la terminal 3 a la 1 en un autobús - el conductor se partía de risa porque se había caído líquido en el papel que imprimí con la confirmación del billete y encima ya no tenía muy claro quién operaba el vuelo, en fin, que le conté una historia rocambolesca - y cojo el vuelo de British Midlands que sale con un retraso de 20 minutos. Si en el vuelo de Iberia hacía frío, éste era como volar en iglú. La diferencia es que las azafatas sólo te daban una manta si volabas en business.

Llego al aeropuerto de Belfast City, donde Amanda y su hija Lauren me están esperando. El equipaje tarda unos 10 minutos en llegar, luego cogemos el coche y entonces me llevo una buena lección de Geografía e Historia. Amanda se para a pagar el ticket de aparcamiento... que marca 1GBP! y yo, pensando que usaban euros, no había cambiado ni una sóla libra. Tenía un par de monedas porque había comprado una polvera y un perfume en el Victoria's Secret de Heathrow (30 €, y me devolvieron 15 pences... o sea, nada), pero no pensaba que fuera a usarlas... en ese momento, Amanda me dice que suba al coche... por el otro lado... Conducen por la derecha. Y por fin resolví el misterio que siempre me había preguntado: la nación se llama Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Total, que el Ulster es como cualquier otro país del Reino Unido. Aaaah, Michael Collins, hágase la luz en mi cabeza.



A algo más de hora y media de Belfast vive Amanda. El pueblecito se llama Bushmills, y aunque cuando llegamos ya era de noche, esta mañana Lauren y yo nos hemos hecho un buen tour y he podido comprobar su encanto.

Amanda y Lauren tienen una casita de dos plantas, no demasiado grande, con un jardincito delante y un patio trasero. Tienen una perrita de un año que se llama Bella y que es muy simpática, pero llora un montón porque siempre está sola en la cocina. Al parecer, es de uso común comprar unos barrotes que se acoplan al quicio de la puerta de las cocinas para evitar que los animales salgan y lo llenen todo de pelos.

Al rato llegaron la prima de Amanda, Emma, y otro amigo, que es primo de Emma pero no de Amanda, Martin. Estuvimos charlando y tomando unas cervezas y el rioja que le llevé a Amanda hasta casi las 2 de la mañana. Emma se quedó a dormir y se fue a mediodía cuando Amanda salió al trabajo. Sólo le toca trabajar 3 horas, luego tendremos tiempo para hacer cosillas por ahí.

Billete de 5GBP del Banco del Ulster
Como me urgía cambiar dinero, Amanda encargó a Lauren (que cumple 7 años el 31 de octubre) que me llevara a la oficina de correos, donde hay una ventanilla de cambio. Me atendió un hombre muy agradable, le dije que quería cambiar 400 € y me preguntó si luego iba a viajar a Inglaterra. Le contesté que no, pero que era mi primer día aquí y me daría tiempo a gastarlo. Cuando vi los billetes entendí la pregunta, y es que me dio 4 tipos distintos de billetes de 10 GBP y otros 4 de 20 GBP, unos ingleses como los que he visto siempre, y los otros, norirlandeses. Tengo que enterarme de si son válidos fuera de Northern Ireland. Por cierto, recibí 300,75 GBP por los 400 €.

En el mostrador de al lado compré 9 postales, así mi madre no se queja. Y, de paso, me entero de lo que hay por aquí, que jamás he preparado menos un viaje.



Bushmills Education Centre

Lauren y yo nos dimos un buen paseo, vimos las escuelas, el río Bush y el parque, donde nos quedamos a jugar hasta que empezó a llover. Este parque infantil está junto al antiguo colegio de Lauren, ahora ya ha pasado a Primaria y el año que viene le toca otro edificio diferente. Para entrar al parque hay que pasar una verja, así que supongo que pertenece al mismo colegio. Lo cierto es que queda bastante lejos de la casa de Amanda (y de todo en general, ya que Bushmills parece estar construido de manera similar a los pueblos japoneses, una carretera junto al río y todo a ambos lados, con lo que las distancias se incrementan a cada nuevo edificio).
Dentro del parque hay unas mesas con bancos que tienen una cosa cuyo uso no soy capaz de desentrañar: una reja metálica en un lado. (Nota de octubre de 2011: tras mi segundo viaje a Bushmills, sigo sin saber para qué narices es esto). Le pregunté a Lauren pero tampoco me lo ha sabido decir. A lo mejor es para algún juego de mesa...

Por las calles no se ve mucha gente. Anoche tampoco se podía decir que estuviera muy concurrida la cosa... al parecer, lo más habitual es reunirse en casa de unos y de otros, dejando la puerta abierta para las visitas, y uno se traslada siempre con el coche, conque es complicado ver a alguien paseando por el pueblo.

Detalle de un jardín de Bushmills.
Casi todas las casas tienen jardines delanteros (frontyards) y la gran mayoría están muy cuidados y adornados. En las calles, numerosas banderas británicas y del Ulster decoran postes y farolas. Y algo que me hizo mucha gracia: por todas partes hay carteles recordando la prohibición de beber alcohol en la calle.

Toda la zona, por lo que he podido ver, es primordialmente agrícola y ganadera, y los pueblos se alzan entre el verdor de las colinas. Los alquileres son más económicos que en España, sobre todo teniendo en cuenta que las viviendas aquí son chalets, principalmente duplex.

Calle de Bushmills. Las casas de planta baja son la vivienda predominante.


Fresas expuestas en un establecimiento de Bushmills
Con la lluvia, entramos corriendo en Mace, uno de los supermercados de aquí, y aproveché para comprar Jucee y sopa de tomate instantánea, que no se comercializan en España (Cup a soup, 1,45 GBP; Jucee 1,39 GBP y también el Cosmopolitan, a ver si es tan petardo como el español, 3,40 GBP). Compré también un paquete de algas que una clienta me explicó que se comen sin cocinar ni rehidratar. Sólo costaba 99 céntimos, así que por probar...

Pesca de salmones en el río Bush


Luego llevé a Lauren a comer, y cuando no llevaba ni medio meat pie (una especie de empanada de carne), entró una abeja y se puso como loca de miedo, conque tuve que pedir que le envolvieran el resto y nos lo trajimos a casa.

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Los horarios son algo diferentes que en España, esto es bien sabido. Al poco de volver Amanda, vino su hermana mayor Alison a la casa, junto a su bebé Will - que tiene unos enormes ojos azules con los que no paraba de mirarme como si suera un fantasma - y con su barrigota a pocos meses de dar nuevamente a luz. Hemos ido a cenar todos juntos al hotel en el que trabajaba antes Amanda, el Causeway Hotel.


Yo pedí una ensalada de pollo frío y me quedé alucinadísima: era un plato gigantesco con macarrones, tomate, lechuga, pollo, arroz, puré de patatas, coleslaw, huevo cocido, piña, fresas, cebolla cruda, pimiento crudo y pan, y además se escogía un acompañamiento de entre una docena de propuestas. Pedí una jacket potato, pero no me pude comer ni la mitad de todo aquello.

El hotel está en una colina, en la Causeway Coast, que es toda la costa Norte del país. En general, se parece bastante al paisaje de Asturias, muy verde y con vacas pastando. Ésta parece una zona turística, con muchos hoteles y restaurantes. Echando un vistazo a la postal con el mapa de la zona que compré esta mañana, hay bastantes cosas que ver. ¿Será posible que no he mirado absolutamente nada antes de venir? Como era un viaje de visita, me he despreocupado del todo. No tenía ni idea de a dónde iba. Y me voy dando cuenta de lo cateta que soy por momentos. Pero vayamos por partes...

La cena no fue muy cara, 37 GBP en total. Ahora estamos otra vez en casa, y ha venido otra prima de Amanda (Dios mío, ¿cuántos primos puede alguien tener?) que se llama Tracy y que trabaja en el hotel donde hemos cenado. Amanda dice que parece española, porque es morena y de piel algo aceitunada. Somos un cliché. Y menos mal que no bailo flamenco.

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